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Queridos niños y niñas, familias, compañeros y compañeras del alma:
Hoy el patio de nuestra escuela se viste de fiesta y de despedida. Durante veintidós años, cada rincón de este lugar ha sido mi casa y ustedes, mi gran familia. Y aunque el corazón se me aprieta un poquito, quiero que esta tarde sea sobre todo de gratitud y alegría.
Gracias a las maestras y maestros que cada día siembran paciencia y sabiduría. Gracias a las familias por confiarnos lo más valioso que tienen. Y gracias a ustedes, niños, por llenar las aulas de preguntas, risas y futuro. Porque una escuela sin niños sería como un libro sin páginas en blanco.
Hoy me jubilo, pero no me despido del todo. Me llevo en la memoria el brillo de miles de ojos cuando aprendieron a leer, los recreos, los festivales, y también los abrazos que curan cualquier rasguño. Eso no se jubila, eso se guarda en el mejor cajón del recuerdo.
A vosotros, pequeños, os dejo un único consejo, cortito para que no lo olvidéis: sed siempre curiosos y amables. La curiosidad os hará libres, la amabilidad os hará grandes. Y recordad que, como decía Gabriela Mistral, “el futuro de los niños es siempre hoy”. Así que vivid cada día con ganas de aprender y de compartir.
Ahora le toca el turno a un nuevo equipo directivo que viene lleno de ilusión y proyectos. Les pido que los cuidéis como me habéis cuidado a mí. Estoy segura de que harán de esta escuela un lugar aún más especial. Yo me iré, pero mi cariño se queda aquí, entre estas paredes, para siempre.
Gracias, gracias de corazón. Que la escuela Gabriela Mistral siga siendo un faro de luz que guía vuestros pasos. ¡Hasta siempre, familia!
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Queridos niños, familias y compañeros:
Mirad este patio. Durante veintidós años, he visto estas mismas baldosas llenarse de carreras, de risas y de abrazos. Hoy, el sol nos acompaña en este fin de curso, pero también ilumina un momento muy especial para mí: ha llegado la hora de colgar mi llavero de directora y jubilarme.
A las familias y al profesorado, gracias. Gracias por confiarme lo más valioso que tenéis y por ser el motor de la escuela Gabriela Mistral. Juntos hemos construido un refugio donde aprender es también querer.
Al nuevo equipo directivo que tomará el relevo en septiembre: os dejo las llaves de un lugar mágico. Cuidad de este patio y de quienes lo habitan con el mismo amor con el que yo lo he hecho. Sé que llevaréis a nuestra escuela a volar aún más alto.
Pero ahora quiero hablaros a vosotros, mis niños. Cuando os vayáis de vacaciones, o cuando dentro de unos años dejéis esta escuela, quiero que os llevéis un secreto muy sencillo: guardad siempre una pregunta en el bolsillo. No os conforméis solo con las respuestas. Preguntad por qué el cielo es azul, por qué las hojas caen, por qué sentimos alegría. La curiosidad es la brújula que nunca os dejará perdidos. Sed siempre amables, compartid vuestros juguetes y vuestros sueños, y recordad que cada uno de vosotros es una letra imprescindible en el poema de esta escuela.
Me voy, pero me llevo vuestros rostros en mi corazón. Nuestra escuela lleva el nombre de una poeta que amaba el cielo, y cada vez que mire las estrellas, pensaré en las miles de sonrisas que me habéis regalado en este patio.
¡Felices vacaciones y hasta siempre, mi querida Gabriela Mistral!